La diabetes tipo 2 no comienza el día en que una analítica confirma el diagnóstico. Antes de llegar a ese momento pueden producirse cambios progresivos en la regulación de la glucosa y aparecer factores de riesgo sobre los que todavía existe margen de actuación.
La prediabetes ocupa una posición especialmente importante dentro de este proceso. Un consenso internacional publicado en Annals of Global Health, en el que participa el investigador de CUHMED Dr. Juan Pablo González-Rivas, propone considerarla una etapa sobre la que es posible intervenir para tratar de evitar o retrasar la progresión hacia la diabetes tipo 2.
¿Qué es la prediabetes?
La prediabetes describe una situación en la que los niveles de glucosa se encuentran alterados, pero todavía no alcanzan los criterios establecidos para diagnosticar diabetes tipo 2.
El modelo de Enfermedad Crónica Basada en la Disglucemia (DBCD) propone entender estas alteraciones como parte de un proceso progresivo dividido en cuatro etapas:
- Etapa 1: riesgo, asociada a factores genéticos, ambientales y relacionados con el estilo de vida.
- Etapa 2: prediabetes, cuando comienzan a aparecer alteraciones de la glucosa.
- Etapa 3: diabetes tipo 2.
- Etapa 4: complicaciones asociadas a la enfermedad.
La principal diferencia de este enfoque es que permite prestar atención a lo que ocurre antes de que la diabetes esté establecida, en lugar de centrar toda la actuación en el momento del diagnóstico.
¿Por qué es importante detectar la prediabetes?
El consenso considera la prediabetes una etapa especialmente relevante para la prevención porque permite identificar a personas cuya regulación de la glucosa ya está alterada y actuar antes de que la enfermedad progrese.
Los expertos advierten además de que la detección de las alteraciones metabólicas puede producirse tarde. El documento recoge que algunas personas pueden convivir con prediabetes y resistencia a la insulina durante años antes de recibir un diagnóstico formal, mientras determinados riesgos y complicaciones pueden empezar a desarrollarse.
Por ello, el consenso plantea evitar lo que denomina inercia clínica: esperar a que una persona cumpla los criterios diagnósticos de diabetes tipo 2 para comenzar a intensificar las medidas preventivas.
“No deberíamos esperar a que una persona tenga diabetes para empezar a actuar. La prediabetes y los factores de riesgo son oportunidades para intervenir. Si somos capaces de detectar antes, adaptar mejor las recomendaciones y facilitar el acceso a cambios de estilo de vida, podemos cambiar la trayectoria de la enfermedad.”
Fuente: Dr. Juan Pablo González-Rivas, investigador de CUHMED y coautor del consenso internacional sobre DBCD.
Prediabetes no significa desarrollar inevitablemente diabetes
Tener prediabetes no significa que una persona vaya a desarrollar necesariamente diabetes tipo 2.
Precisamente, uno de los objetivos de detectarla es identificar una fase en la que todavía existe una oportunidad para actuar sobre factores modificables.
La evolución de cada persona depende de múltiples elementos. El modelo DBCD propone considerar no solo los niveles de glucosa, sino también factores como la adiposidad, la resistencia a la insulina, la actividad física, la alimentación y otros elementos cardiometabólicos.
También incorpora factores sociales, ambientales y culturales que pueden influir tanto en el riesgo como en la capacidad de una persona para seguir determinadas recomendaciones.
Detectar el riesgo antes de que aparezca la enfermedad
La detección precoz es uno de los principales ejes del consenso.
Entre las herramientas analizadas se encuentra FINDRISC, un cuestionario utilizado para estimar el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 a partir de diferentes variables.
El consenso propone adaptar este tipo de herramientas a las características específicas de las poblaciones en las que se utilizan. En América Latina existe, por ejemplo, una adaptación denominada LA-FINDRISC, que incorpora puntos de corte regionales para el perímetro de cintura.
El objetivo no es diagnosticar diabetes mediante un cuestionario, sino identificar a aquellas personas que podrían beneficiarse de una evaluación más detallada.
Alimentación, actividad física y educación: tres pilares para prevenir
El consenso identifica tres grandes áreas de actuación sobre el estilo de vida: alimentación, actividad física y educación.
En alimentación, propone que las recomendaciones tengan en cuenta las posibilidades económicas, sociales y culturales de cada persona. También plantea iniciativas destinadas a facilitar el acceso a alimentos saludables entre colectivos con mayores dificultades.
En actividad física, el documento defiende integrar el ejercicio dentro de la atención sanitaria y favorecer entornos que faciliten el movimiento tanto en adultos como en niños.
La educación constituye el tercer pilar. Los expertos proponen incorporar conocimientos sobre salud, alimentación y hábitos saludables desde las primeras etapas educativas y extender estas estrategias a las familias y comunidades.
Una prevención que comienza antes
El modelo DBCD plantea, en definitiva, cambiar el momento en el que se interviene.
En lugar de esperar a que una persona pase de una situación aparentemente saludable a un diagnóstico de diabetes, propone identificar las etapas intermedias y los factores que pueden favorecer esa progresión.
La prediabetes adquiere así un papel central: no como una sentencia de futura diabetes, sino como una oportunidad para anticipar la prevención y modificar la trayectoria de la enfermedad antes de que avance.
Fuente científica
Nieto-Martinez R, Grekin C, De Oliveira-Gomes D, Gonzalez-Rivas JP, Lopez-Arana S, Mechanick JI. Consensus Conference Series on Dysglycemia-Based Chronic Disease (DBCD) in Latin America: The Chilean Transculturalization. Annals of Global Health. 2026;92(1):65.
Artículo científico completo:
https://annalsofglobalhealth.org/articles/10.5334/aogh.5370





